Los sustitutos funcionales de la cultura y el peronismo.
LOS SUSTITUTOS FUNCIONALES DE LA CULTURA Y EL
PERONISMO.
El
siguiente texto fue publicado en la revista Peronistas para el debate nacional
N° 5 en agosto de 2004.
RESUMEN
Una de las posibles causas
de la confusión en la conciencia e identidad de nuestras clases medias podría
deberse a que su cuerpo cultural es muy reciente y a que se ha elaborado a
partir de sustitutos a una cultura común inexistente para los migrantes de
fines del siglo XIX . Estos sustitutos fueron
funcionales a la necesidad de convivencia social. Por esa razón la
intercomunicación se desplazó de todo encuadre cultural, respaldándose en
criterios utilitarios.
Para la elaboración de esa
red de sustitutos culturales se ha utilizado como base la estructura mítica y
épica propuestos por las clases dirigentes de la época. Estos criterios se
apoyaban en el pensamiento de la elite dirigente de Buenos Aires, que
combinando conceptos propios del pensamiento ilustrado y de las utopías del
siglo XVIII deciden crear una nueva sociedad aún a costa de excluir a los
habitantes que no fueran aptos para la mism: la población criolla.
De este modo la sociedad
argentina desarrollo una doble pauta, la tradicional criolla, excluida por el
sistema, y la nueva, centrada en las clases medias de la pampa húmeda, esta
última con serios conflictos en su coherencia cultural, lo que provocaría una
confusión en el plano de su conciencia e identidad.
A partir de 1945 el
peronismo aparece como una nueva instancia de la conciencia histórica. Producto
de la tradición criolla hasta ese momento excluida, representa la continuidad
histórica de la Patria, y haciendo uso del sentido incluyente propio de las
culturas hispanas ofrece a los sectores sociales de origen inmigratorio una
dinámica para integrarse a la Nación. En ese sentido es fundante de una Nueva
Argentina.
Sucesivos hechos parecen
haber desplazado los papeles que dentro del mismo juegan los distintos sectores
sociales que lo componen, ganando espacio en el mismo las clases medias. Con
ello se aumenta el riesgo de incorporar al mismo los estados de confusión de
conciencia e identidad propios de las mismas.
INTRODUCCIÓN
En este artículo se procura
analizar algunos aspectos de la respuesta de la sociedad argentina frente a la
intempestiva heterogeneidad cultural ante la que la colocó el proceso
inmigratorio de fines del siglo XIX, la consecuente aparición de sustitutos a
un marco cultural común que fueran funcionales a algún grado de cohesión social
y la relación de las clases medias y del peronismo con ello.
La oposición entre
ciudadanos y esclavos, señores y siervos, burgueses y proletarios, en suma,
entre explotadores y explotados, tan estudiada por historiadores, sociólogos,
politicólogos y filósofos, adquiere en nuestra historia un sesgo singular, pues
contiene un constituyente cultural que derivaría en social y racial.
MARCO HISTÓRICO
.........
Su bisabuelo hizo patria
su abuelo fue servidor,
su padre carneó una oveja
y está preso por ladrón
de “Camino de los quileros”, Osiris Rodríguez Castillos
La independencia política
de la América Española fue resultado natural de la evolución de sus sociedades.
Se dieron dos procesos simultáneos que se entremezclaron constantemente. Uno
proveniente de la madurez de la sociedad indiana, la que procuraba instrumentar
su propio sistema político manteniendo buena parte de las estructuras
creenciales, sociales y económicas que contenía, el otro estaba ligado a
diferentes esferas locales que buscaban ampliar su dimensión económica ligándose
al nuevo espacio imperial inglés.
En nuestras tierras el
primero de los procesos tendía a ser republicano, democrático y federal. El
segundo no, por lo que necesitó de una legitimidad que buscaría en el
pensamiento político de la época: el siglo de las luces, del despotismo ilustrado,
de la revolución de 1789 y de las utopías
Buena parte de la tensión
presente en nuestra historia se puede explicar mediante el enfrentamiento de la
sociedad interior que intentaba una
organización vinculada a su identidad con Buenos Aires que propone una suerte
de utopía sobre la base de un sistema acorde al pensamiento racionalista de la época. Esto le era necesario
por ser una minoría demográfica, le era natural por la tradición de despotismo
ilustrado de su clase dirigente, y le era posible por su poder económico.
La adopción lisa y llana de
un pensamiento situado en otra realidad terminó siendo un proceso patológico
que suponía no solamente una ruptura con España sino una fuga del mundo español.
Una fuga de la realidad y de la propia identidad. En el rechazo a España se
incluía el rechazo a Hispanoamérica, obra de España. Esto facilitaría el
rechazo a la sociedad concreta.
Esta tensión entre deseos y
realidad llevaría a una segregación sicológica, social y cultural entre Buenos
Aires y el interior indiano, que a su vez derivaría en una confusión en el
plano de la propia conciencia. Buenos Aires no sentía al país como sí mismo,
sino como una entidad extraña. Desde esa perspectiva se entiende que para los
sectores dominantes de Buenos Aires el interior del país fuera una tierra
extraña y mostrenca, a ser conquistada o abandonada a su suerte, como sucedería
con el Alto Perú, el Paraguay y Montevideo.
Tras una disputa de
cincuenta años, la batalla de Pavón señala un claro punto de inflexión. A
partir del derrumbe de la Confederación lo que quedaba en manos argentinas del
interior indiano es conquistado por Buenos Aires en guerra de policía y es
sometido a reglas de juego dictadas desde el puerto. Y entre 1866 y 1945 eso es
la Argentina, la única válida. El pueblo indo-afro-hispánico desapareció del escenario
político al finalizar la guerra del Paraguay y sobre esa ausencia se edificó la
república liberal y mercantil.
La construcción de esa
república significó en primer lugar el montaje del sistema legal y político,
posteriormente el reemplazo de la población. La aplicación concreta del sistema abarcaría la constitución de
1853, la codificación emergente de ella,
el sistema electoral, el juez de paz, el sistema educativo, el librecambio
económico y la inmigración.
El criterio legitimador de
este sistema se manifestó en el principio de que nuestro pueblo era incapaz de
toda capacidad industriosa y de libertad. Por lo tanto el sistema
constitucional no era para él. Priorizándose el sistema al hombre, este debía
ser reemplazado para asegurar el sistema de libertad. De ahí que se abrieran
las puertas a la inmigración. En toda Hispanoamérica se excluyó al pueblo,
frecuentemente se renegó de la hispanidad, pero él nuestro es el único caso en
que se hizo un esfuerzo consciente por reemplazar a su población.
SUSTITUTOS FUNCIONALES DE LA CULTURA
No son las leyes las que precisamos
cambiar: son los hombres, las cosas. Necesitamos cambiar nuestras gentes
incapaces de libertad por otras gentes hábiles para ella.....
Las Bases,de Juan Bautista
Alberdi, citado por J. M. Rosa .
El hombre es portador de su
cultura. Toda cultura es esencialmente social, por ello para poder gozarla en
plenitud cada persona necesita que su comunidad participe de aquella a la cual
él pertenece. Salvo excepciones, esta posibilidad no ha sido facilitada por la
norma con que se desarrolló la inmigración a nuestro país. Los migrantes venían
aislados o en pequeños grupos, normalmente familiares. Los españoles
encontrarían un marco cultural afín que les era facilmente interpretable, pero
no así el resto, aproximadamente el 70 % del total.
Si bien la mayoría
participaba de un horizonte común: el europeo occidental, la heterogeneidad de
origen impidió que los inmigrantes poseyeran los códigos finos de una cultura
compartida. Ausentes estos rasgos comunes necesarios para la sociabilización y
el control social, se dificultó la vida individual, la vida colectiva y
consecuentemente el sentido de pertenencia a un todo común.
Para permitir la
convivencia en un medio en el que coexistía gran variedad de usos culturales
espontáneamente fueron adoptados elementos que sustituyesen a esa cultura común
inexistente, que fueran funcionales al papel intercomunicante y ordenador que
esa comunidad cultural ausente debiera haber cumplido en la socialibilización,
convivencia y mantenimiento armónico de un cuerpo social minimamente integrado.
Esa necesidad espontánea
fue encuadrada por la elite dirigente de la época mediante la creación
consciente de una estructura mítica y épica fundante de una nueva sociedad, en
función de sus intereses legitimatorios, políticos y económicos. Parar ello se
utilizarían los mitos propios de la modernidad occidental: la solución, la urgencia
del quehacer, la explicación causal, la verificación de la conciencia, el dominio
de la naturaleza, el crecimiento indefinido y lineal. Para ello se utilizarían
sucesivas adaptaciones del esquema sarmientino de civilización o barbarie, consolidando
prejuicios antihispanos y anticriollos, en suma antipopulares, actuando con
absoluto desdén por las estructuras sociales y culturales preexistentes,
Esta estructura mítica se
articuló de la siguiente forma:
a.- los conceptos teóricos expresados por Alberdi y Sarmiento,
según los cuales la libertad y la civilización eran bienes superiores al habitante
existente y su cultura.
b.- el marco político elaborado a través de las historias de
Vicente López y Mitre, para quienes la
conciencia nacional era un retrógrado resabio de hispanismo y una traba a la
política deseable.
c.- el mito del inmigrante civilizador, esforzado, austero, y
trabajador, contrapuesto al mito del criollo bárbaro, indolente, ocioso
malentretenido y pendenciero. Que se transmitiría a la población mediante una epopeya
del esfuerzo individual, que intentaría sustentar la identidad genérica de los
nuevos habitantes.
Esta estructura mítica y
esta epopeya se instalaron en el imaginario social mediante la acción estatal
en la educación y por los sistemas de comunicación social de la época:
periodismo, literatura, teatro, y posteriormente radio, cine y televisión. Se
explicó al país en clave de progreso lineal y permanente, lo que supuso ignorar
todo lo anterior a mayo de 1810 y a no menos de la mitad de su población. Y se
llegaría a colocar a lo extranjero en una posición nuclear en cuanto a la identidad
válida para el hombre argentino. Se había instalado la idea del crisol de razas,
ficción encuadrada en el positivismo dominante y según la cual la mezcla de
razas y culturas necesariamente derivarían en una raza y cultura superior,
mediante mecanismos cercanos a los de la selección natural.
La homogeneidad cultural ausente
y los comportamientos sobre la base de consensos elaborados históricamente
fueron sustituidos por una suerte de convenio tácito: a partir de esfuerzo y
trabajo se admitiría el ascenso social del inmigrante o de sus descendientes.
Las relaciones interpersonales debían encuadrarse en los mitos fundantes arriba
expuestos y se resolverían en el acatamiento a las pautas de control social
funcionales a la sociedad que se estaba estableciendo y relacionadas a las
ideas de orden y progreso, con un algo puritano y un algo de la educación
patriótica del Centenario: trabajo, ahorro, compostura, circunspección, veneración
hacia los padres de la patria y los símbolos nacionales.
De este modo se desplazaron
los fundamentos del comportamiento de la nueva sociedad a motivos externos a
toda índole cultural, quitándole a la vida cotidiana de quienes pertenecían a
este ámbito todo sentido de comunidad histórica, impedidos como estaban de
sentir como cosa propia lo elaborado desde una experiencia ajena, desconocida y
desvalorizada. Con ello se esterilizó el esfuerzo natural de creación de
cultura que emprende todo colectivo social, creándose dos sociedades paralelas
e instalando una cuña entre los habitantes de raíz criolla, inmersos en su
identidad, historicidad y exclusión, y los recientes, desculturados,
ahistóricos y con una concepción falsa de si mismos. Este mutuo desconocimiento
favorecería la confusión en el plano de la propia conciencia arriba mencionada.
La innumerable serie de pequeñas
y valiosas gestas individuales propuestas como una gran épica del esfuerzo
habría servido para sustentar la identidad individual y grupal de los nuevos
habitantes pero no alcanzó a conformar una nueva nación. Los sustitutos serían
funcionales pero no fundantes. La suma de esfuerzos individuales no conformaron
una gesta ni una épica pues carecieron de toda dimensión comunitaria, carentes
como estaban de un origen y destino compartido. Por todo ello esa Argentina fue
inconsistente y duraría en la medida en que se mantuvieran sus soportes de
fondo. No obstante, la creencia en ella fue poderosa, duraría en plenitud hasta
la irrupción popular del 45 y perdura enquistada en el discurso cotidiano, en
las frases hechas y en la superestructura intelectual del país formal. Entramparse
en ella fue la limitación del yrigoyenismo.
LAS CLASES MEDIAS
“No ves que tiene en contra
a los doctores, los artistas, los periodistas, los profesores, los escritores,
los intelectuales. En una palabra, no hay como equivocarse; cuando ellos se
juntan, el pueblo se va para el otro lado. No sé si es causa o efecto, pero es
así”. Y fue nomas.
De los Profetas del Odio,
de A. Jauretche
Estas clases medias,
hegemonizadas por los sectores de origen inmigratorio, serían el conjunto
social ejemplar y normativo para la nueva sociedad, el que marcaría los
patrones dominantes del comportamiento social.
Darían lugar a una sociedad
claramente diferenciada de la criolla. Sería basicamente urbana, brillante en
algunas de sus expresiones, con alta movilidad social, con atención muy especial
a las apariencias y cuestiones formales, muy estereotipada, fragmentada, y poco
permeable frente a la preexistente.
Esta sociedad manifestaría
problemas en el arraigo de sus integrantes y en el sentido de pertenencia al
conjunto. A partir de la aparición de mitos parciales capaces de sustentar
identidades locales o sectoriales, se crearon subidentidades sectoriales o
locales funcionales al arraigo de los recién llegados, impidiendo una identidad
común. Particularmente esto es notorio en la mitología porteña relacionada al
tango, en la de las clases medias de la Pampa Húmeda, muchas veces faltos de la
suficiente humildad para reconocer que no fueron los primeros ni son los
únicos, y en la alta cohesión mantenida a través de varias generaciones por
sectores muy minoritarios en el todo inmigratorio.
Población originada en una
añadidura de decisiones de integrarse a la misma, personales y aisladas entre
si, criada por migrantes, permanecería suspendida sicologicamente entre dos
mundos. En consonancia con la vida moderna sus objetivos fueron claramente
individualistas. Nunca fue muy claro su sentido de pertenencia, habitualmente
centrado en la proveniencia de los antepasados y el entorno de cada persona: el
barrio, la localidad, alguna colectividad. La Nación se limitaba al culto a una
serie de fechas, héroes y al ritual escolar y militar. La coordinación de sus
actitudes se mantenía por el control social. Este era fuerte y pautaba el comportamiento
de modo que no se saliese de la serie de comportamientos esperados para cada
sector.
Los sustitutos funcionales
de la cultura se desempeñaron bien mientras se expandió la riqueza. Detrás de
su aparente solidez y brillo fueron endebles y escasamente útiles para
situaciones de crisis. No obstante alcanzaron a dejar establecidas las bases
del estilo dominante en las clases medias: una serie de comportamientos
esperados no necesariamente vinculados a su realidad histórica, enseñados en la
escuela, mantenidos por los medios de comunicación, reforzados por el control social,
por frases hechas, que darían por resultado una sociedad de baja cohesión, desarraigada,
con sentido de pertenencia muy lábil, con fuerte disociación entre las conductas
esperadas y las consumadas, permisiva en cuanto a las conductas sociales y restrictiva
en cuanto a los comportamientos visibles, que dieron origen a una conducta
errática e imitativa.
De este modo las clases
medias, hegemonizadas por los nuevos argentinos, puestas ahí, huérfanas de una
cultura a la cual referirse, se han desarrollado sin propio sentido ni rumbo,
sin conciencia del espacio ni del tiempo ni de si mismas. Esta debilidad las
hizo proclives a adoptar sucesivos modelos de referencia tan prestigiosos como
ajenos a su realidad, demostrando líneas de conducta mudables e inconsecuentes,
normalmente disfuncionales respecto de sus propios intereses y los del
conjunto. Habituadas a imitar, le sería dificultoso crear soluciones, por lo
que se acostumbró a copiar fórmulas. Por ello fue facista, izquierdista,
aliadófila, germanófila, antiperonista, autoritaria, democrática y en los
últimos tiempos liberal y progresista.
En diferentes momentos se
acercaría a los hechos históricos, pero con la inhabilidad suficiente para
desbaratar la oportunidad y diluyéndose en el aprovechamiento eufórico de lo
que el liberalismo les facilitaría con Alvear, en la década infame, luego del
55, con Martínez de Hoz y finalmente Menem.
La reacción de las clases
medias a la crisis del modelo de los años 90 deja sin espacio al liberalismo, y
por descarte quedan vigentes las opciones progresistas, entendiendo por esto al
conjunto de valores orientados a una organización social que admite una
convivencia enriquecedora basada en criterios de la razón y en la creencia del
crecimiento indefinido. En suma sin salir del siglo XVIII. De este modo se pierde respuesta a la complejidad del problema,
se inmoviliza la situación y continúa la descomposición de lo que se quiere
salvar.
Por todo ello, muy
posiblemente buena parte del comportamiento disfuncional al Movimiento Nacional
propio de las clases medias se ha debido a las siguientes características:
- La desculturización que supuso la inmigración.
- El uso de sustitutos funcionales de cultura necesarios tras esa
desculturización.
- La falsa conciencia sobre la propia identidad, producto de las
bases sobre las que se elaboraron concretamente los sustitutos funcionales.
EL PERONISMO
Por esa Argentina grande
con que San Martín soñó
que es la realidad efectiva
que debemos a Perón
de la Marchita
El peronismo se mostró
inicialmente como expresión de las masas criollas del interior indiano, ahora
urbanas, que volvían a aparecer luego del largo silencio iniciado tras la
guerra del Paraguay. Naturalmente inconciliable con los sustitutos funcionales
de la cultura y sus productos, no de vicio ha sido señalado como el hecho
maldito del país burgués. Heredero de la tradición integrativa del mundo español,
mediante su acción se convirtió en la mejor escuela de realismo, conciencia y
cultura para quienes provenientes de la sociedad inmigratoria se incorporarían
a la Nación a través de su participación en el mismo. En ese sentido oficiando
de puente entre ambas sociedades fue fundante de una Nueva Argentina, la capaz
de integrar en un cauce histórico común sobre la base de una identidad a todos
los nacidos en nuestra tierra.
En la posterior evolución
del mismo ha ido tomando fuerza el papel desempeñado por las clases medias,
particularmente desde el fin de la épica del retorno del General Perón y la
posterior disminución del peso relativo del movimiento obrero. De este modo ha
sido permeable a su confusión de conciencia e identidad. Esto generaría una
tensión interna dentro del campo popular, debilitándolo y esterizándolo. Debido
a que hoy no existe fuera del peronismo ningún espacio político organizado y
creíble, este de hecho se ha convertido en el sistema político, por lo que se refuerza
la presión orientada a mantener los contenidos espúreos presentes en el mismo:
liberalismo, individualismo, partidocracia, electoralismo, clientelismo, localismo,
a lo que se le suma la tendencia a aceptar soluciones prestadas: liberalismo o
progresismo.
Esta permeabilidad a
criterios propios de las clases medias hace que sea alto el riesgo de introducir
elementos extraños a nuestra cultura en los intentos de superar la situación
señalada en el punto anterior. Hay que tener muy presente que el peronismo no
es producto de las clases medias, es la respuesta integradora que desde un
horizonte histórico muy anterior a mayo de 1810 se ofrece a las diferentes
sociedades argentinas del siglo XX y
pretendemos que del XXI. Sin la memoria del pasado
es imposible construir el futuro, pues nadie escapa a su propia sombra.
CONCLUSIONES
Las incapacidades innatas
de un modelo social originado en sustitutos funcionales de cultura derivan en
que los sectores sociales vinculados al mismo tienen serias dificultades para
la elaboración de un pensamiento propio, apto para verse a si mismas en su
propia realidad. Esto será determinante en el papel político que desempeñarán
estos sectores sociales y cubrirá a buena parte de la historia y vida social
argentina desde fines del siglo XIX a la actualidad.
El peronismo aparece como
una creación popular urbana con fuerte presencia de valores culturales
tradicionales, propios de la población criolla que desde tiempo atrás venía
migrando hacia Buenos Aires desde el interior no atlántico. Oficiando de puente
entre ambas sociedades fue fundante de una Nueva Argentina, aquella capaz de
integrar en un cauce histórico común a todos los nacidos en nuestra tierra
mediante una organización social sobre la base de la identidad nacional.
El crecimiento del espacio
que dentro del peronismo tienen las clases medias, herederas de la sociedad
organizada a partir de los sustitutos funcionales a la cultura, alerta sobre el
riesgo de la introducción de las confusiones y debilidades de la misma al seno
del movimiento nacional.
Córdoba,
marzo de 2004.
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