¿Con olor a 17?

El texto que sigue fue publicado en El Protagonista N° 6 en diciembre de 2001, órgano de la agrupación peronista Protagonismo del Pueblo.

Un olor a 17 de octubre hubo en nuestra tierra. Nuestro pueblo se erigió en tal y descubre una forma inequívoca de indicar su voluntad. Quienes actuaron pasivamente el 14 de octubre dos meses después lo hacen muy claramente.

Cada nivel social lo hace a su modo, si es marginal o empobrecido, recobrándose una minúscula parte de lo que le han saqueado desde tiempos inciertos: 1955, 1976, 1989?, si aún conserva algo del decoro burgués batiendo cacerolas. Y muy posiblemente, dada la histórica volubilidad de las clases medias de nuestro país, haya habido quien desde sus balcones haya chocado su platería.

Luego de veintiséis años es la primera expresión activa de nuestro pueblo. Es la primera vez que se sale de lo que le ofrecen las reglas de juego. Es cierto que en 1989 se hizo oír y votó claramente cansado de la políticamente muy correcta, pero desacertada e intrincada propuesta socialdemócrata de Alfonsín o en contra de la neoliberal ofrecida por Angeloz, pero la traición de Menem a su mandato, a sus promesas, al peronismo y a la Patria dejó dividido y perplejo al campo popular.

Se encuentra olor a inflexión. En eso, las Jornadas del 19 y 20 de diciembre han sido similares a aquellas en que el pueblo diseña su propio destino. Aún no sabemos bien quienes son todos los que han perdido. De la Rúa y Cavallo seguramente. Muy posiblemente López Murphy, Mestre, Colombo, y toda la charamusca representada por Loperfido, Aito, su hermano, hasta Shakira seguramente. Pero quedan aún dos incógnitas.

La primera de ellas es quien más ha perdido. ¿Toda la clase política acaso?

¿Habrá alguno capaz de aprender de golpe? ¿A alguno el susto lo avispará?

Todo cristiano merece el beneficio de la duda, pero también es cierto que con caca no se hace dulce de leche.

La segunda es quien ha ganado. No sabemos aún, y aquí es lo que más diferencia a este diciembre de aquel octubre. En aquella ocasión nuestro pueblo rompió las reglas de juego que se esperaba que acatase y señaló claramente un proyecto: la Patria libre, justa y soberana. En este diciembre solamente ha sido claro lo que no, pero aun está en manos de la clase dirigen te proponer lo que sí.

¿Será este pueblo inorgánico capaz de ir seleccionando a los políticos capaces de interpretarlo de aquellos que solo parecen hacerlo? Algo indica que el que viene será un camino difícil, pleno de desconfianzas entre quienes reclaman legítimamente otra sociedad y quienes están acostumbrados a diseñarla, obnubilados dentro de su burbuja.

Quedaría una tercera pregunta que consiste en resolver el papel jugado por la columna vertebral del movimiento, los sindicatos. El batifondo de cacerolas es una de las manifestaciones simbólicas propias de las clases medias. Los saqueos son expresiones claras del hambreado o del resentido. 

Marginalidad absoluta y abyecta es sólo marginalidad subjetiva ocasionada por el lento pero inexorable empobrecimiento de las últimas décadas. Pero el pueblo organizado no ha estado presente salvo por la declaración de unos paros que en realidad seguían a los acontecimientos. Y el peronismo hace gala de ser la estructura organizativa de lo popular ¿Será que ahora los peronistas debemos reconocer otros núcleos de organización popular? ¿Ha pasado nuestro tiempo? Y lo principal ¿qué le podemos ofrecer de nuestra experiencia a la historia que viene? De hecho nuestra organización se relaciona a una sociedad con estructuras, con lo que nos deja sin respuesta hacia los marginales, ahora significativos como nunca.

La patria ha vivido un día. Quienes tienen en sus manos el futuro no son los más indicados para proponer caminos ni proyectos pero con suerte se han alertado y pueden intentar hacer buena letra. Los sectores sanos del peronismo están dispersos y mezclados con muchos que se han acostumbrado al menemismo o a sus efectos. No es esta la mejor de las situaciones posibles pero es la que hay. Esperemos que nuestro pueblo sepa no repetir los errores de inicios de la década del '90, cuando espantado por la hiperinflación se dejó embaucar por el discurso de periodistas y traidores a sus intereses.

Es de desear que otra vez espantado por los efectos de ese encandilamiento sepa exigir lo que le corresponde. Y es nuestra obligación formar parte de este fermento, señalando lo que el pueblo señale y algo más, lo que forma parte de nuestra experiencia como peronistas.

 

Lizardo Sánchez

Córdoba, 2001


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