Los sindicatos y los nuevos tiempos.

 

El siguiente texto fue escrito en mayo de 2002

 


Muchas cosas pierde el hombre
Que a veces las vuelve a hallar
Pero les debo enseñar,
Y es güeno que lo recuerden:
Si la vergüenza se pierde,
Jamas se vuelve a encontrar.

                                       Del Martín Fierro

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Adentrarnos a este tema nos lleva forzosamente a analizar los dos términos, los sindicatos y los nuevos tiempos, al menos en su manifestación frente al mundo laboral.

 

Los Sindicatos.

Los sindicatos son organizaciones libres del pueblo. Nacen y perduran simplemente porque sus componentes así lo desean.

Por su naturaleza, son organizaciones destinadas principalmente a la defensa de los intereses laborales de los trabajadores. Como la unión de voluntades potencia mucho la capacidad de acción, normalmente cubren también otros aspectos que hacen al bienestar y calidad de vida de los trabajadores: la salud, la cultura, algunas formas de consumo, el esparcimiento, la educación, y la capacitación entre los mas conocidos..

De por sí no forman parte del sistema político. Si bien los límites del este son algo difusos, puesto que hay una ancha tierra de nadie en la que se instalan quienes intentan terciar en sus disposiciones, lo que caracteriza a lo específicamente político es que sus decisiones obligan al conjunto total de la sociedad. En cambio, por ejemplo, las decisiones tomadas por la CGT no son obligatorias para la AFA ni para la Unión Industrial.

Esa llamada tierra de nadie está ocupada por organizaciones sociales que por mediar entre sus respectivas bases, sectores o intereses y el sistema político, transladándoles necesidades e inquietudes y presionando en beneficio de sus intereses, se les llama estructuras o minorías de mediación. En cierto modo se corresponde con los militantes y dirigentes sindicales, las cámaras patronales, y las autoridades de todas aquellas organizaciones sociales que expresan sus intereses al Estado o en forma pública.

Por ser una de estas estructuras de mediación les es natural a los sindicatos terciar, luchar, e intentar obtener por parte de los demás grupos sociales todas aquellas leyes, reglamentos y comportamientos que defiendan al trabajador en sus relaciones laborales.

 

Los tiempos: 

En cuanto a lo laboral los tiempos modernos pueden caracterizarse por la reformulación de las relaciones entre empleados  y patronales. Aquellos dejan de tener la estabilidad que tenían antes, y se diluyen algunos derechos de larga data: aguinaldo, vacaciones, jornada laboral, entre otros.

 En buena medida esto se debe a la aparición de nuevas formas de producción, que parecen reclamar una mayor flexibilidad y un menor número de trabajadores. De este modo aumenta la desocupación y pierde fuerza el campo gremial, pues muchos desocupados están dispuestos a trabajar en condiciones mas desfavorables que las acostumbradas o las señaladas por leyes, reglamentos y convenios, o sea fuera del amparo sindical o renunciando a las conquistas obtenidas por los trabajadores a lo largo del siglo XX.

La creciente marginalidad social deja afuera de las estructuras laborales a una cantidad cada vez mayor de la población, lo cual afecta directamente a los gremios ya que es natural a estos organizarse a partir de los trabajadores, o sea a partir de quienes tienen trabajo, repitiendo en cierto modo su organización a la estructura del entramado productivo.

De este modo se produce una escisión muy importante en el campo popular, por un lado quienes conservan su trabajo, amparados por una estructura propia legalmente reconocida, y por otro lado los antiguos trabajadores, quienes al perder su trabajo pierden también el amparo de su organización, la cual legalmente ya es incapaz de contenerlos, ampararlos y representarlos.

La desaparición de grandes conglomerados laborales, la mayor rotación y menor cantidad de trabajadores, y el sentido crítico dominante en relación a las formas tradicionales de organización social, han producido un debilitamiento generalizado del poder de referencia social de los gremios.

También ha ayudado a esta situación una falta de renovación por parte de la dirigencia sindical así como la falta de innovación en sus métodos de acción y la adopción por parte de la misma de prácticas reñidas con el respeto, la ética y o la moral.

Esto no es privativo de los gremios, es natural en una sociedad en descomposición. Lo mismo sucede en los otros ámbitos de nuestra sociedad, pero en el discurso dominante se hace especial hincapié en la estructura gremial. En buena medida la pérdida de la capacidad de referencia social de la misma es aprovechada por los sectores dominantes para achicar el espacio sindical, utilizando para ello los diarios, revistas, programas de radio y de televisión, consolidando de este modo una imagen con alguna base real, pero no en la cantidad y calidad a que se le hace referencia.

Toda esta situación pone en discusión el papel y la dinámica de los sindicatos. Hasta el momento estos estaban organizados en referencia a la estructura productiva, en ocasiones por rama de actividad, en ocasiones por fábrica o empresa, pero siempre con un criterio vinculado a la estructura productiva. Desde esa organización se encuadra a los trabajadores, y se los representa ante la patronal y el gobierno y la sociedad.

La desestructuración de la estructura productiva y las nuevas condiciones de la realidad en lo que queda de ella, ha puesto a los gremios ante una situación totalmente novedosa y difícil.

 

Respuestas:

Algunos gremios han reaccionado ante esta situación convirtiéndose en patronales: ello ha ocurrido con la Unión Ferroviaria y el ferrocarril Belgrano, con algunas seccionales de Luz y Fuerza y con Yacimientos Carboníferos Fiscales. Con esta solución se amplía el concepto de participación en la propiedad y en los beneficios, pero también se diluye la posibilidad de una acción estrictamente gremial. No es lo mismo a lógica empresarial que la gremial ni es el mismo el punto de vista del empresario que el del trabajador.

Otros gremios han buscado el mantenimiento de la ocupación, aún mediante la aceptación de condiciones laborales que antes no se hubiesen aceptado facilmente. A cambio reciben una suerte de garantía sobre el mantenimiento de determinados niveles de ocupación. Ha sido el caso de SMATA en Córdoba. La realidad ha demostrado que los niveles de ocupación los determina la empresa de acuerdo a su nivel de actividad e interés y no mediante acuerdos con los gremios.

Otro sector gremial ha decidido desarrollar una acción preponderantemente política, con lo que pierden su especificidad gremial y no dejan de correr el riesgo de incorporar buena parte de las limitaciones y desvíos propios de la estructura política, como el aislamiento o la acción mediática. Es el caso de los compañeros de la CTA, quienes quizá con cierta ingenuidad intentan aprovechar el poder político que significa la conducción de estructuras gremiales pero son terminan incorporando buena parte de la trivialidad y necedad de la actual realidad política, como lo demostró su historia con la Alianza. Cabe señalar que con su acción rompen el modelo sindical argentino y debilitan al conjunto de los trabajadores.

Cabe otra alternativa, surgida de lo profundo de la historia y experiencia popular argentina. Durante los gobiernos peronistas se les dió su lugar a los sindicatos en la acción política, reconociéndoles explicitamente su condición de estructuras de mediación y esperando que actuaran como tales, impidiendo de este modo que el partido se cerrara en si mismo. Por eso siempre se habló y pensó en un Movimiento, idea que de por sí excede a lo simplemente partidario. De este modo se organizó un movimiento político capaz de crear las condiciones para que cada sector de la sociedad tenga las mejores posibilidades para su propio crecimiento y desarrollo en el marco de una Patria común.

 

Vuelta a nosotros mismos.

Este papel político asignado a las organizaciones de los trabajadores fué luego el sustento de la acción gremial entre los años 1955 y 1973, así como de diversas experiencias posteriores, como ser la Comisión de los 25 en los años 80, el MTA en los 90. Cuando la realidad impide que los trabajadores en su conjunto tengan el espacio social que les es propio siempre se consideró válida toda acción gremial conducente a poner las cosas en su lugar.

De este modo los gremios siempre han considerado acción legítima reclamar un cambio social conducente a que sus representados gocen de dichas condiciones. De este modo ya no solamente les compete actuar sobre injusticias localizadas, ni sobre deseos puntuales, sino sobre el espacio social que les es necesario a sus representados. Los trabajadores pueden legítimamente utilizar sus organizaciones para reclamar un espacio social que les garantice un adecuado desarrollo humano.

La integración de esos múltiples reclamos es una tarea específicamente política. El papel de los representantes sectoriales es aportar su visión particular a la tarea de integración, que será llevada a cabo por quien asuma un papel político.

Hay pues entonces un área de actividades en donde confluyen lo gremial con lo político. En circunstancias normales, participando de la ya mencionada tierra de nadie, dialogando con quien propone diseños de sociedad, tratando de que en el diseño resultante se conserven los mínimos necesarios para el desarrollo laboral y personal de los representados y en beneficio del conjunto se renuncia a lo estrictamente imperioso. En circunstancias críticas como la que vivimos, en donde no hay lugar para el desarrollo personal ni social de ningún sector, creando las condiciones para que las organizaciones sociales naturales y representativas del pueblo posibiliten que un conjunto nuevo de políticos, descomprometidos con los sectores actualmente dominantes, recreen las condiciones sociales adecuadas para la felicidad del pueblo y grandeza de la Nación.

Los sindicatos deben recuperar esta función política, mediante la cual se defienden los intereses laborales de los trabajadores no solamente en cada caso individual o grupal, sino también incursionando en la esfera política representando los intereses del conjunto de los trabajadores como sector social ante los otros sectores sociales, participando en el rediseño de nuestra Patria y tratando de facilitar la reconstrucción de una expresión política que vea a la Nación en su integridad o como un todo.

Esto supone un camino largo y difícil, pues no es lo que hoy se espera que ocurra. Particularmente los gremios están socialmente desprestigiados y frente a enemigos de adentro que tienen un sólido control de los ejes del dominio social interno y con una fuerte alianza con sus socios de afuera. Sin embargo hay que tener en cuenta que así como la inmovilidad sería peor, los otros caminos señalados desdibujan la esencia de lo sindical.

Será necesario ajustar la definición de la acción gremial. Esta debería abarcar tareas reivindicativas, de representación y de proposición social, debería definirse la relación con quienes ahora no tienen trabajo y otros excluidos, y se deberían aceptar nuevos campos de interés y desarrollar nuevas formas de acción y presión. Se reconocen las dificultades de la propuesta, pero estamos en épocas de valentía y creación o de desaparición, y algo de esto pareciera necesario para sacar a los sindicatos de su actual encerrona.

Posiblemente sirvan para la ocasión las palabras del General Perón: “Donde ellos todo, nosotros nada, donde ellos nada, nosotros todo”. Partamos de lo que tenemos: nosotros y nuestra conciencia, revisemos nuestra experiencia y ajustemos nuestra organización. Ignoremos como en el 45 los sistemas de control social de que se valen los privilegiados y seamos mas fuertes que ellos a partir de la realidad a que ellos mismos nos llevan. Actuemos con seriedad.

                                                                                                              Lizardo Sánchez

                                                                                                        Córdoba, mayo de 2002

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