Los Horóscopos y la Nación
El texto que sigue fue publicado en El Protagonista, N° 2 y N° 3 durante el año 2001, órgano de la agrupación peronista Protagonismo del Pueblo.
LOS HORÓSCOPOS Y LA NACIÓN LOS HORÓSCOPOS QUE TENEMOS
Todos conocemos los horóscopos. Por medio de ellos parece conocerse la extraña influencia que Marte ocasiona en nuestra suerte si se cruza con Venus, que será diferente și el cruzado es Saturno. Por medio de ellos se convierten en cosas casi tangibles elementos que sabemos que existen pero allá muy lejos No alcanzamos a comprender la determinante influencia que le asignan sobre nuestra cotidianeidad. Pese a ello hay quienes no salen de sus casas ni comiezan una tarea sin consultarlos Y gracias a su creencia hay quienes viven de hacer horóscopos
Quien esto escribe no cree en ellos Y no porque no sean científicos, sino por la falta de consistencia que los rodea. Tampoco son científicamente constatables la dignidad, el respeto, la justicia ni la Patria y en estos si cree pues presentan una fuerza tal que son la única explicación para muchos sucedidos que se han dado a lo largo de la historia.
Una consistencia parecida a la de los horóscopos es lo que tienen los pensamientos de gran parte de nuestra clase dirigente. Nadie entiende bien el porqué fenómenos que se dan a la distancia tienen tamaño efecto en nuestra realidad, salvo que uno firmemente atado a la creencia de que si lo tienen, convierta dicho supuesto en causa de su tangibilidad.
Y es que a nuestros dirigentes les falta un elemento muy importante: pensar desde las cosas y no desde las ideas.
Lamentablemente este es un hábito muy común en nuestra sociedad. Cuando se intenta moverse en el nivel de las abstracciones se lo hace desde las ideas quizá de moda, quizá desde las que se está seguro pero habitualmente desacertadas para interpretar nuestras cosas.
Tanto la universidad y los dirigentes como las clases medias no tienen el hábito de crear desde sí mismas, sino desde un cuerpo de ideas más o menos coherente, a veces con algún valor pero descuidando la concordancia de las mismas con la realidad concreta de la cual quieren hablar.
Es quizás herencia de un viejo camino, iniciado hacia 1810, a partir de las fantasías de quienes quisieron reconstruir una realidad que no les era grata. Posiblemente fuese imperioso hacer cambios dada la ilegitimidad que dejaba la decadencia de los Borbones, pero señalaba una fuerte inmadurez intentar hacerlos negándonos socialmente. La huella de los pensadores del siglo pasado se instaló en el Colegio Nacional, creado por Mitre a tal efecto, y luego en la Universidad.
Todo el sistema de pensamiento argentino se vio señalado con dicha marca. Cuando hizo falta reintegrar a nuestra sociedad, ante el aluvión inmigratorio, se crearon mitos que autodefinían a la misma de un modo complaciente con dichas ideas, pero negándose a la profunda construcción iniciada desde trescientos años atrás.
Es de este modo que los avances de intereses ajenos a nuestros destinos hallan campo fértil en muchos hacedores de propuestas que nos involucran, propuestas tan consistentes como los horóscopos con los cuales iniciamos este escrito, y de tal modo que si toman consistencia es solamente por la mera aceptación de los involucrados en la situación.
Por supuesto que la solución al problema no es solamente dejar de creer en los horóscopos. Quienes medran con ellos están protegidos por quienes tienen interés en que el común crea en ellos, y estos intereses son muy pero muy fuertes. Además no están cerca de nosotros y en cambio están cerca y disponen de nuestros ejércitos y equipos militares que llegado el caso les dan razón pues a ellos sirven como se ha demostrado en sucesivas intervenciones militares durante los siglos XIX y XX.
Pero es importante tener en claro que los horóscopos que salen en los diarios son mentira. Y es también importante saber que lo que dicen nuestros dirigentes, cuando está en línea con el pensamiento mencionado más arriba, es tan cierto como los horóscopos. Y es importante saber lo negativo y vacio del sistema de pensamiento socialmente aceptado y oficialmente valido.
Los efectos de ese pensamiento impregnan toda nuestra sociedad lo que dicen los gobiernos lo que dicen los partidos, lo que dicen muchos sindicalistas, los periodistas muchos pensadores la escuela, la universidad. Es muy difícil substraerse al mismo, pero hay que hacer el esfuerzo para ser capaces de pensar a partir de nosotros mismos. Si no lo hacemos el futuro que construiremos tendrá la consistencia de los horóscopos.
EL ORIGEN DE NUESTROS HOROSCOPOS...
Habíamos hablado de horóscopos. Hemos visto que pequeños cuadritos en los diarios y revistas, pese a estar avalados por un rebuscado sistema de explicaciones, tienen muy poca relación con la realidad concreta. Y que si hay quien se asusta por lo que le pronostican para un determinado día o semana en realidad se asusta por tenerlo incorporado como verdad en sí y no porque piense dos veces al respecto, y en especial porque no contrasta predicciones pasadas con lo que efectivamente le ha sucedido en el periodo de vigencia de la predicción.
También hemos hablado de un sistema de pensamiento vigente en nuestra
sociedad, aceptado oficialmente por esta, y que al igual que los horóscopos está
avalado por un rebuscado sistema de explicaciones y tienen muy poca relación
con la realidad concreta.
Esa ruptura del pensamiento con la realidad aparece paulatinamente, a partir de una crisis del sistema de ideas anterior. Quienes vivieron esa crisis pensaron reemplazar el antiguo estilo con el que en ese momento estaba de moda, procedente de la realidad europea del siglo XVIII. Respondía por lo tanto a la realidad de ese lugar y momento, y no a las correspondientes a nosotros. Quizá se hizo Insensiblemente, pues no existía ni la experiencia de separar lo propio de sociedades centrales de lo propio de sociedades periféricas, ni nos sentíamos pertenecientes a una sociedad periférica debido a la conciencia de formar parte de la ecúmene española.
Cuando se intenta la construcción independiente de nuestro país se la hace a partir de las ideas imperantes en ese momento entre nuestra clase dominante y es así cuando entran no solamente esas ideas a nuestro horizonte, sino también las construcciones sociales que de ellas surgían y la ruptura que estas ideas significaban en relación a la realidad concreta. Debían por lo tanto construir una realidad concordante con esas nuevas Ideas que se impusiera por encima de la existente. Y eso costó treinta años de guerra civil y hasta ahora ciento cuarenta y ocho años de inestabilidad social, política y económica.
Ciento cuarenta y ocho años son tiempo suficiente para que se consoliden creencias y valores en cualquier sociedad, particularmente si esas creencias y valores están respaldados por la escuela, la prensa y la ley. Pero tengamos en cuenta que son creencias y valores elaborados a partir de significados ajenos a nuestra realidad.
Le existencia de sectores sociales sin tradición en pensar las cosas desde su propia realidad marca claramente a nuestra sociedad. Estos grupos se encuentran enquistados firmemente en la misma, desde donde desarrollan teoría, ciencia y políticas relacionadas a su forma de pensar, y todo lo que de ello se deriva: interpretaciones, divulgación, y acciones.
Los mitos que han servido para reintegrar a nuestra sociedad son claros: España es atrasada y no tiene mérito alguno, aquí hay mas descendientes de europeos que de criollos, este es un país de inmigrantes, el más europeo de América Latina, no hay Indios ni negros, los Inmigrantes trabajan mucho, y gracias a su esfuerzo pueden tener lo necesario para su buen pasar y ascender socialmente. Esos mitos tienen su contracara en que la población criolla es indeseable: pendenciera, haragana, taimada y ladina.
Luego aparece una serie de submitos, derivados de los anteriores: la picardía criolla propia del vivillo, el porteño canchero y avispado, el provinciano ingenuo o torpe, descendemos de los barcos, hablamos como italianos, el gringo trabajador, la mitología tanguera, que llega a hacer del vergonzante origen criollo y moreno del mismo un aceptable origen inmigrante en la Boca del Riachuelo.
Esos mitos han funcionado a modo de sustituto funcional de la cultura. No existiendo una cultura oficialmente aceptada que estuviese arraigada en lo popular reemplazaron en la integración del colectivo social a las pautas con profundidad histórica, produciendo así una debilidad intrínseca en nuestra conformación social: no somos cabalmente producto de nosotros mismos.
Esto último tiene validez para la Pampa Húmeda, que no erróneamente ha sido llamada Pampa Gringa. No así para el interior en sus tres regiones, Cuyo, el Tucumán y la guaranítica. Ni siquiera tiene plena validez para el Chaco, en donde pese a su mezcla abrumadora de orígenes aceptó una fuerte raíz correntina y guaraní.
Pero estas regiones y su producción intelectual raramente han sido
aceptadas en la cultura oficial, en todo caso como pintorescas dentro de su
raíz bárbara. La cultura oficial se respaldó en los centros de prestigio
internacionales, y al haber gozado de cierta prosperidad pudo crear las
instituciones sociales que la afirmaran. Entre estas instituciones estaban las
que formaban a la elite pensante de nuestra sociedad: Establecimientos
secundarios, universidades, y academias. Se cerraba de ese modo un círculo en
el cual los escritores y poetas, músicos, filósofos, ensayistas científicos y
políticos pensaban a imitación de los europeos y no desde su propia realidad, a
excepción de unos pocos: Mariano Fragueiro, José Hernández, Leopoldo Lugones,
Ramón Carrillo, Ernesto Palacio, Leopoldo Marechal, Manuel Ugarte. Hipólito
Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Scalabrini Ortiz, Homero Manzi, Abelardo Ramos, Arturo
Jauretche. o J.J. Hernández Arregui entre otros.
Lizardo Sánchez
Córdoba 2001
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