La Argentina, ese país que existe al costado de donde está.

El siguiente texto, escrito en 2011, fue publicado en Internet por la compañera oriental Profesora Mónica Luar Niconiello Ribeiro.

RESUMEN

A causa de su proceso formativo, cumplido desde tres corrientes colonizadoras procedentes de lugares coincidentes con las áreas culturales indígenas preexistentes que participarían del mestizaje inicial, la sociedad argentina muestra sutiles pero arraigadas diferencias regionales ocultas bajo la hegemonización obtenida por Buenos Aires.

El proceso histórico determinó la fragmentación política entre esas áreas culturales y sus respectivas áreas centrales: Paraguay, Chile y el Perú. Esa desarticulación pudo haber tenido algún papel en el definitivo avance de usos y costumbres de Buenos Aires respecto de las sociedades interiores, pero principalmente ha alimentado la capacidad de integración de nuestra sociedad respecto de las otras sociedades del cono sur.

Es facilmente observable que mientras que mientras el Paraguay, Chile, Bolivia, y posteriormente el Uruguay, se vertebran desde un núcleo instalado en su actual territorio, ello no es lo que ocurre en nuestro país, hegemonizado por el espacio rioplatense pero originado en centros anteriores y externos al mismo. Eso lo hace un espacio esencialmente integrador.

La Argentina es tan rioplatense como paraguaya, chilena, boliviana y peruana. En realidad es un  país que también existe afuera de donde está y dentro del cual también están los países vecinos.

 

1.    LOS HECHOS

1.1. INICIOS

 Los españoles entran a la América del Sur desde tres zonas. La primera es el Caribe, donde directamente desde España o con recalada en Santo Domingo fundan ya en 1510 Santa María la Antigua del Darién, luego entre 1521 y 1527 fundarían Cumaná, La Asunción, Santa Marta, Maracaibo y Coro, terminando por establecer, en ocasiones mediante algunas refundaciones, un frente continuo desde la isla de Margarita hasta casi Panamá.

Con el paso de los años y mediante la fundación de nuevas ciudades esa corriente se expandiría en la actual Venezuela y el centro y norte colombianos. 

La segunda corriente entra por el Pacífico. Comienza con la entrada de Pizarro en el norte del actual Perú hacia 1531, y con la fundación entre 1532 y 1535 de Piura, Tumbes, Cuzco y Lima se establecen a lo largo del actual Perú. Desde el mismo avanzarían hacia el norte estableciendo entre 1534 y 1536 Guayaquil, Quito, Riobamba, Popayán y Cali y hacia el sur con la fundación de Tarapacá en 1536, Charcas en 1538 y Santiago de Chile en 1541.

Es así como la expansión desde el Perú deja instalados a los españoles en una larga franja que va desde el sur de la actual Colombia hasta el centro de Chile. Desde allí iniciarían nuevas expansiones hacia el resto del Alto Perú, Cuyo y el Tucumán.

La tercera de las entradas inicialmente se la hace desde España hacia el Río de la Plata (1536) la que en 1537 funda Asunción. Desde ella se avanzaría sobre las regiones circundantes buscando conexión con el Tucumán para abrirle puertos al Atlántico. Finalmente se caracterizaría por un fuerte aislamiento reforzado por su ubicación encerrada río arriba y por estar fuera del tráfico normal español.

Cumplida esa primera expansión, desde fines del siglo XVI se va conformando la sociedad indiana. Si bien en sus características generales era muy homogénea, cierto es también que esparcida en tamaña extensión iba desarrollando en su seno singularidades culturales regionales.

Por un lado la gran división a que alude Daniel Larriqueta [1]. Las sociedades indianas vertebradas al oeste, sobre el Océano Pacífico, lo habían hecho de cara al mar español. Las fortalezas del Callao, de Acapulco y Manila ayudadas por la dureza del Mar de Hoces lo aislaron de la dinámica europea.

Sin mayores sobresaltos, mundo equilibrado y jerárquico, el linaje tenía más importancia que el mérito. Cada persona y cada institución tenían su lugar. El límite a la jerarquía lo señalaba la  supervivencia del débil a quien el Estado defendía. Intimamente vinculada a este, la Iglesia era policía de costumbres. Y la necesaria autosuficiencia lo centró en una economía autosustentable productora de bienes .

Por el contrario en el Atlántico, al dar cara al espacio en el cual se dirimía la supremacía europea entre españoles, ingleses, portugueses, franceses, holandeses y en menor medida suecos y daneses, las sociedades eran dinámicas, abiertas al mundo, al comercio, al contrabando, a las guerras, y sufrían por lo tanto sus riesgos delatados por las innumerables fortificaciones existentes entre Cartagena de Indias y la Ensenada de Barragán si no queremos partir mas allá, desde la Habana y el Morro de San Juan de Puerto Rico, o San Juan de Ulúa en tierra firme. La perpetua tensión hacía que las personas valiesen principalmente por lo que eran capaces de hacer, por sus méritos más que por sus linajes. Y las posibilidades que daba el comercio diluyeron todo interés por la autosuficiencia económica y disminuiría el prestigio de las jerarquías no respaldadas en la riqueza. Esta situación derivaría en una coincidencia de intereses con los comerciantes ingleses que terminaría determinando el final del sistema.

Sobre esta gran división aparecen otras mas locales que es lo que en este escrito nos interesa. Cada región estableció su propio tramado de relaciones institucionales, religiosas, familiares, comerciales y económicas que las vinculaba escaladamente a las demás constituyéndose una determinada organización territorial del espacio geográfico, económico y social. Naturalmente las culturas en formación fueron influidas por estas relaciones regionales y sociales existentes. Lógicamente las particularidades culturales se compartieron en mayor medida entre quienes se relacionaban más intensamente.

El 20 de noviembre de 1542, el rey  Carlos I de España firmó las llamadas Leyes Nuevas, entre las cuales dispuso la creación del Virreinato del Perú y el traslado de la sede de la Real Audiencia de Panamá a Lima. Con esto comienza la organización política de la Sudamérica española.

1.2. NUESTROS INICIOS

Detengamos nuestra mirada en el cono sur. El sur del sur de la América española se organiza a partir de dos asentamientos originales, el Perú y el Paraguay.

Durante este período se irían gestando las distintas singularidades culturales de nuestra región así como el que sería una nueva región cultural desprendida de la paraguaya. Estrechamente ligada al contrabando, al comercio con el portugués, Buenos Aires, rincón último del virreinato, va consolidando su área de influencia y distanciándose culturalmente del Paraguay y vinculándose a Río de Janeiro y finalmente a su aliado inglés.

Hernandarias sobre el Paraná y el Virrey Toledo sobre los Andes tuvieron la visón global necesaria para instalar las bases iniciales de lo que hoy es la Argentina, finalmente institucionalizada por el real fundador de nuestra Patria: Carlos III.

1.2.1. La Argentina paraguaya.

Nuestras actuales provincias de Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa son parte de la unidad cultural que representa la extensa área guaranítica, cuyo núcleo está en el Paraguay. De sustrato guaraní, dominado por el ambiente fluvial, productor de yerba mate, de tabaco, sobre la frontera con el portugués, cercana a las misiones jesuíticas, desplegó su influencia cultural en el oriente boliviano, el noreste argentino y el sur brasileño. De hecho junto a las Misiones tuvo el papel de hito de presencia española frente al portugués. Al respecto la batalla de Mbororé en 1641 a cargo de tropas misioneras fue el hecho culminante.

La primera entrada española en nuestro actual territorio es la de Pedro de Mendoza, en 1536, que daría lugar a la creación de Asunción del Paraguay en 1537, ciudad que hasta el siglo XVII mantendrá la primacía en la cuenca del Plata.

Entre 1556 y 1587 desde ella se fundarían Ciudad Real del Guayrá , Santa Cruz de la Sierra, Nueva Asunción, Santa Fe de la Veracruz, Villa Rica, Santiago de Xerez, Buenos Aires, Concepción del Bermejo y San Juan de Vera de las Siete Corrientes ocupando el Chaco, el Paraná y territorios que hoy son brasileños.  

La delimitación política entre los territorios que luego serían Paraguay y Argentina ocurriría en 1617 con la creación de la gobernación de Buenos Aires, estableciéndose la frontera al norte de Corrientes. En 1547 se creó la diócesis del Paraguay, inicialmente sufragánea del arzobispado de Lima y desde 1552 del de Charcas. Su jurisdicción inicial abarcaba al Paraguay y el este argentino incluyendo Buenos Aires. Esta ciudad tendría su obispado en 1620, con jurisdicción sobre Santa Fe, Corrientes, la Banda Oriental y Entre Ríos

Hacia el sudeste sería territorio de las Misiones jesuíticas. Estas, si bien un tanto aisladas e inescrutables, ejercerían influencia regional en Santa Fe mediante el comercio de la yerba mate,  en Córdoba por su vinculación con las funciones que tendría la Universidad, el Montserrat y las estancias jesuíticas, y en la Banda Oriental y el Río Grande por las estancias correspondientes a cada una de las reducciones. Todo ello formaba parte de un entramado dispuesto al servicio de la tarea misional. Luego de su lenta desaparición  los habitantes que quedaban se perdieron entre el resto de la población vinculándose  a los procesos regionales. Como ejemplos valgan Andrés Guacurarí, Gobernador de Misiones y lugarteniente de Artigas y Pablo Areguatí, comandante militar de las Malvinas en 1824.

La expulsión de los jesuitas en 1767 y la posterior ruptura que significó la actitud paraguaya en 1811 y el aislamiento impuesto por José Gaspar de Francia significó un quiebre político del espacio cultural guaraní que terminaría tragicamente en la guerra de la triple alianza.

1.2.2. La Argentina chilena.

Esta región, formada por las provincias de Mendoza, San Juan y San Luís, forma una unidad cultural e histórica, hasta el punto de ser la única región argentina que cuenta con un sustantivo específico para su denominación: Cuyo. Organizada desde Chile, siempre han mantenido con este vinculaciones familiares, culturales y económicas.

La expedición al Alto Perú hecha entre 1549 y 1551 por Francisco de Villagra permitió que los españoles de Santiago se interesaran por Cuyo. Esto los indujo a su ocupación de modo que entre 1561 y 1562 fundan Mendoza y San Juan, completando su ocupación con la fundación de San Luís en 1596. Las cuatro ciudades mas antiguas de la actual Argentina se deben a la expansión de los santiaguinos sobre Cuyo y el Tucumán: entre 1553 y 1562 fundarían Santiago del Estero, Londres, Mendoza y San Juan.

Tras un conflicto entre santiaguinos y limeños por la pertenencia de la región del Tucumán, resuelto a favor de los peruanos en 1563, la jurisdicción chilena sobre territorios cisandinos quedaría reducida a la región de Cuyo. Asignada a Chile hacia 1548 le perteneció hasta 1776. En 1564 se crea el Corregimiento de Cuyo. La audiencia de Santiago tendría jurisdicción sobre Cuyo hasta 1785 y el obispado hasta 1806. La Junta de Poblaciones en Chile desde 1735 consolidó el dominio español en los valles occidentales de la actual provincia de San Juan fundando Jáchal, Mogna y Valle Fértil.

Las dificultades del cruce de la cordillera que aislaban a Cuyo de Chile durante seis meses al año hicieron que la economía cuyana se vinculase preponderantemente con el Tucumán y Buenos Aires, si bien Santiago fue el centro donde se resolverían los grandes temas políticos, culturales, sociales y económicos de esta región.

1.2.3. La Argentina altoperuana.

Esta era una amplia región de límites difusos, ubicada entre el Chaco al este y los Andes al oeste, desde Córdoba hasta el Alto Perú. Hoy día, perdido su nombre para nominarla, no por ello deja de compartir una base cultural que le sirve de sustrato común. Se la reconoce como una región singular que a medida que uno va observando más hacia el oeste mas se repara en su raigambre andina y si se lo hace mas hacia el norte se observa una continuidad con Bolivia y el Perú.

De las tres corrientes colonizadoras del territorio actualmente argentino la proveniente del Perú fue la que tuvo un criterio estratégico más global, que llevaría a la creación de la Gobernación del Tucumán. Muy tempranamente se observa su capacidad de conexión entre el Paraguay, Chile, el Perú y el Atlántico, por lo que fue considerada estratégica y ello justificó la fundación de las principales ciudades de la región ubicadas como jornadas sobre el camino real. 

Simultáneamente a la llegada de los españoles al Río de la Plata, en 1536 Diego de Almagro recorrió por primera vez el oeste del Tucumán de paso desde el Cuzco hacia Chile, siguiendo el Camino del inca entre Tarija y Tinogasta. Desde el Perú lo explora Diego de Rojas en 1543. En 1549 partió desde el Perú Juan Núñez del Prado quien funda en suelo santiagueño el primer asentamiento del territorio que fue denominado Ciudad del Barco (1550).

Valiéndose de la imprecisión de sus límites Valdivia lo agrega a la jurisdicción de Chile, fundando Londres y Santiago del Estero. Desde 1563 por decisión de Felipe II es asignado al virreinato del Perú, cambio que se completó en 1564 con la creación de la Gobernación local. A partir de 1569 el virrey Francisco de Toledo, afianzó el dominio español en la región mediante la fundación de Salta. En 1570 fue creado el Obispado del Tucumán, dependiente del Obispado de Lima, comprendíendo Tarija, Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero. La Rioja y Córdoba. Hasta 1699 en que se traslada a Córdoba su sede estaba en la ciudad de Santiago del Estero.

El proceso de poblamiento se cumplió basicamente entre 1550 con la fundación de la ciudad del Barco y 1593 con la de San Salvador de Jujuy. Para este entonces habría una decena de ciudades instaladas en la franja que le dejaban libre los indígenas hostiles del Chaco y de los Andes.

El Tucumán alcanzaría un cierto desarrollo que inicialmente aventajaría a Buenos Aires, al sufrir esta los resultados de su aislamiento respecto del resto de la América española. Tradicionalmente, había tenido el papel de abastecedora del importante mercado de las minas de Potosí, con la provisión de mulas  y el abasto de carne, y proveyendo de tejidos a la región del Litoral. Ya superadas las guerras calchaquíes, en el siglo XVIII se consolidó el crecimiento económico de la región.

Es difícil determinar a primera vista si el centro cultural de esta región está en Bolivia o en el Perú, la natural variedad humana y cultural existente en una geografía fragmentada por cadenas montañosas y rica en vivencias históricas, permite suponer que algunas clases sociales dirigentes podrían sentirse vinculadas a la población criolla de Lima así como las clases mas humildes forman un continuo con la población mestiza e indígena de Bolivia. Quizas se pueda hablar de un eje formado por Lima, Potosí y Charcas.

1.3. Evolución institucional

Virreinatos, capitanías generales, gobernaciones, corregimientos, audiencias, cabildos, obispados y universidades formaron la red institucional que terminaba de unificar formalmente lo que de por si relacionaban implícitamente las redes.

La creación del virreinato del Perú en 1542 dio inicio a la organización política de lo que hoy es la Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y el Uruguay. Si bien antes efímeramente había habido otras figuras institucionales, a medida que se perfeccionaba el dominio español estas fueron abandonadas. En 1554 se crearía la capitanía general de Chile, y habría de esperarse hasta 1776 para la constitución del Virreinato del Río de la Plata.

Es decir que la mayor parte de los territorios que formarían la Argentina tuvieron como capital a la ciudad de Lima durante 234 años. Recién en 2010 Buenos Aires alcanzaría esa antigüedad como capital de estas regiones. En 1542 se traslada la Audiencia de Panamá a Lima. En 1559 se crea la de Charcas, en 1609 la de Chile y en 1783 la de Buenos Aires. Ya entre 1565 y 1575 en Chile había funcionado una y entre 1661 y 1671 otra en Buenos Aires. Estas se instalaban acompañando los principales núcleos comerciales y en las capitales de las jurisdicciones de primero orden.

Hemos visto como se crean las gobernaciones del Paraguay y del Tucumán, posteriormente la de Buenos Aires, todas pertenecientes al Virreinato del Perú hasta la creación de el del Río de la Plata. Por otro lado Cuyo constituiría hasta 1776 un corregimiento ligado a la Capitanía General de Chile.

La organización religiosa de este sur comienza con la creación del obispado de Lima en 1541, elevado a arzobispado en 1547. Luego se completaría con la creación de los obispados de Asunción, Charcas, Santiago de Chile, Tucumán y Buenos Aires. Desde la elevación en 1609 de la diócesis de Charcas a la dignidad de arzobispado todos los obispados mencionados pasaron a ser sufragáneos de esta. En 1806 las últimas modificaciones consistieron en la creación del obispado de Salta y el cambio jurisdiccional por el que Cuyo pasa a depender de la diócesis de Córdoba del Tucumán.

En el espacio que pertenecería al Virreinato del Río de la Plata existieron dos Universidades, la de  Córdoba, creada en el período que va desde 1610 y 1622, y la de Charcas creada en 1624. Ambas de la orden jesuita.

De este modo observamos que entre 1542 y 1806 siempre se producen cambios y ajustes en la organización institucional acompañando las modificaciones sociales. En esta módica reseña hemos registrado una veintena de modificaciones sin tomar en cuenta en detalle lo acaecido en el Alto Perú ni las ocasionadas por el régimen de las intendencias.

1.4. Expansión  de Buenos Aires,

Los primeros sesenta años de la existencia de Buenos Aires coincidieron con la unión de las coronas de Portugal y España, ello dio lugar a la aparición de un fluido comercio entre esta y Río de Janeiro como parte del gran proyecto de unión ibérica. Este comercio fue tan natural a los intereses de las partes que luego de la ruptura de la unión y ya con un Portugal aliado a Inglaterra, proseguiría bajo la forma ilegal del contrabando.

Entre otras, dos resoluciones reales reconocen muy especialmente el paulatino crecimiento que va alcanzando la ciudad de Buenos Aires, la que en 1617 dispone la creación de la Gobernación de Buenos Aires separándola de la del Paraguay y en 1776 cuando se crea el virreinato del Río de la Plata, asignándole el rango de capital del mismo.  La sucesiva creación del obispado en 1620, de la aduana seca en 1622 su traslado a Jujuy en 1696 de la Audiencia (1661-71 y 1783), del consulado (1794) y la Aduana (1778) formalizaron tanto su capitalidad como el hinterland del puerto hasta el punto de preanunciar los limites de la Argentina actual.

Así es como se fue desgajando la unión entre los núcleos de los espacios culturales y sus áreas periféricas. Se corta la relación formal entre Asunción y Corrientes, entre Chile y Cuyo, entre el Alto Perú y el Tucumán. De hecho varios de los revolucionarios de 1810 habían estudiado en el Alto Perú y de allí era oriundo el presidente de la Junta de mayo

A partir de la creación del virreinato y por el corto periodo de 36 años se consolida lo que desde los inicios se venía madurando. Un núcleo demográfico, cultural y económico en el Alto Perú, conectado con el Atlántico por medio del Tucumán. Cuyo vinculando a Chile con el Atlántico, y el Paraguay, las antiguas Misiones y la Banda Oriental cuidando una de las fronteras mas complicadas del espacio español, la del portugués.

Con la excepción del caso cuyano el virreinato mantiene la unión de los espacios culturales que venimos mencionando. Si bien las jurisdicciones subalternas separaban al Tucumán del Alto Perú y a Corrientes del Paraguay, se mantenía la unión política superior, y con las limitaciones de la época el espacio que ocupaba estaba bien integrado.

La plata potosina pagaba artesanías tucumanas, mulas pampeanas, y mediante el contrabando de Buenos Aires productos ingleses y esclavos. La llanura despachaba mulares al Alto Perú y exportaba las más de las veces ilegalmente crines, cueros y sebo. El Tucumán trasladaba los mulares entre la llanura y los reinos de arriba y se integraba al comercio zonal mediante textiles de producción local y Cuyo proveía al Tucumán y Buenos Aires con sus vinos y aguardientes.

La libertad de comercio establecida en 1777 por Cevallos concluyó con el predominio de los comerciantes del Pacífico en provecho de sus economías locales. Esta medida terminó con los esfuerzos que por más de dos siglos llevaron adelante sofocando la vida comercial del puerto de Buenos Aires.

2.   COMENTARIO DE LOS HECHOS

2.1. Formación y lenta desintegración

Un área cultural normalmente se organiza en torno a un centro en el que se dan en mayor intensidad las principales interacciones sociales formales e informales, de modo que se arraigan y evidencian sus principales características. Este centro suele contar con una mayor densidad demográfica y estar rodeado de una periferia en la que estas características pueden aparecer combinadas con otras o con menor intensidad a causa de, por ejemplo, la cercanía con otra área cultural, una diferente geografía un distinto clima o una menor densidad demográfica o histórica.

Es normal que en los núcleos culturales se instalen las autoridades institucionales de índole política, religiosas, judiciales y económicas, que rigen la vida social del conjunto. Así es como Asunción, Santiago, el norte del Alto Perú y el sur del Bajo Perú se convierten en los núcleos culturales de la región guaranítica, Cuyo y el Tucumán.

Por cuanto estamos hablando de un tiempo en el que las sociedades estaban en pleno período de formación, durante el mismo fue naciendo una nueva sociedad con su correspondiente cultura. El sustrato indígena, la larga interacción política, judicial, religiosa, comercial y en algunos casos militar, las vinculaciones familiares, así como en general las semejanzas geográficas vincularon muy especialmente a las poblaciones de cada una de estas regiones.

Hemos visto como diversas instancias institucionales acompañaron la realidad social y cultural, y tanto ayudaron a construir el espacio integrado como acompañarían a su desintegración desde la expansión de Buenos Aires hasta la construcción del Virreinato, quizás dos términos opuestos pues en definitiva el comercio portuario preferiría abandonar a su suerte al Paraguay y al Alto Perú concentrándose en los limites de la antigua Aduana seca de Jujuy.

La dependencia política respecto de Chile y el Perú, la judicial respecto de las audiencias de Lima, Santiago y Charcas, la religiosa respecto del arzobispado de Charcas consolidaron la unión entre las regiones que luego serían del virreinato del Río de la Plata con estos centros, así como los circuitos comerciales de los mulares, de los vinos y aguardientes, de la yerba mate, el tabaco y del contrabando unían al todo por encima de estas jurisdicciones institucionales. La economía y el comercio en general estaban suficientemente integrados por la producción potosina como para que, en 1776, la demarcación territorial del virreinato fuera la que terminó siendo.

La desintegración del espacio y la organización original comienza, como es natural, desde el mismo momento en que las distintas partes van creciendo. Así es como la organización institucional que de a poco se va dando en Buenos Aires va fragmentando las regiones culturales que paralelamente se iban constituyendo. La creación de la Gobernación de Buenos Aires, de su obispado, de la audiencia, la aparición y el posterior traslado de la aduana seca, son hitos que muestran el crecimiento de Buenos Aires y que prefigurarían al espacio argentino. Con cada una de estas circunstancias se incrementó la interacción entre el litoral, el Tucumán y finalmente Cuyo en desmedro de sus anteriores enlaces con Asunción, el Alto Perú o Chile.

Mientras durase el virreinato eso no fue un problema significativo, mas allá que las actitudes ante la revolución de mayo por parte de los asunceños, de los altoperuanos y de las clases dirigentes cordobesas, mendocinas y salteñas pareciese indicar otra cosa. Y no fue significativo porque el núcleo productivo del Potosí daba espacio a la producción del conjunto de las regiones aún más allá del histórico enfrentamiento entre los librecambistas y los llamados monopolistas.

2.2. La Argentina actual.

La independencia fragmentaría al antiguo virreinato en varios retazos. Desaparecen las Misiones repartidas entre el portugués, la Provincia de Corrientes, la Banda Oriental y el Paraguay, las regiones culturales del interior argentino perderían su contacto con sus centros históricos de índole institucional, y estallaría la unidad económica, pues el Tucumán pierde su intermediación comercial y la escasez de moneda que ello ocasionó mermó el comercio interior mientras se consolidaba el exterior. Eso centró la dinámica económica en el comercio exterior del Río de la Plata.

Vale la pena pensar si el descentramiento que con la aparición de las nuevas repúblicas sufrirían las regiones interiores de nuestro país respecto de sus centros culturales no se debilitaron sus posiciones y resistencias respecto de la única que si mantuvo su centralidad: Buenos Aires. Es posible que el resultado final de este enfrentamiento, mas allá de que a favor del sector librecambista estuviese una mayor dinámica y respaldo internacional, se viese de alguna manera influido por esa circunstancia.

De este modo esta expansión final de Buenos Aires sobre regiones de alguna manera desvertebradas termina dando una sociedad que precisamente por su particular descentramiento termina no teniendo un alto potencial integrador pues, los vínculos económicos, culturales, políticos y de parentesco entre las provincias del norte y Bolivia, las del litoral con el Paraguay y la Banda Oriental y entre las de Cuyo y Chile eran tales que perdurarían tras la disolución del vínculo político.

Mientras que el Paraguay, Chile, Bolivia, y posteriormente el Uruguay, se organizan desde un centro instalado en su actual territorio, ello no es lo que ocurre en nuestro país, dominado por el espacio rioplatense pero originado en espacios exteriores al mismo. Tenemos una historia centrada en Asunción, otra en Chile y finalmente otra en el Alto Perú, La Argentina es tan rioplatense como paraguaya, chilena, boliviana y peruana.

Esa autoimagen de integradora que la sociedad argentina tiene de si misma se consolida cuando se observa que esta multiplicidad cultural supone una alta capacidad de incorporación de los naturales del cono sur por compartir sus respectivas singularidades culturales.

Es un país que también existe afuera de donde está y dentro del cual también están los países vecinos. Podemos contribuir singularmente a la elaboración de una historia común.

 

[1] Daniel Larriqueta, La Argentina renegada, editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1997.

 

Lizardo Sánchez

Córdoba, 2 de febrero de 2011

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