Latinoamérica, entre identidad y pieles.

El siguiente texto ha sido objeto de distribución entre compañeros y publicado en órganos del Sindicato de Docentes Privados de Córdoba y Nación.

Latinoamérica, entre identidad y pieles.

No somos zonzos, nos hacen zonzos… (Arturo Jauretche, “El Manual de las Zonceras Argentinas, edición 1968).

 

De la importancia de las pieles

Parece ser que hace muchos miles de siglos los antepasados de los microbios flotaban en el mar. No tenían piel que los separase del mismo, por lo tanto eran simplemente un aglomerado de elementos genéticos que flotaban en ese mar original.

La falta de piel, eso tan necesario para saber donde comienza o termina uno -según el camino que se quiera seguir-  les impedía reconocerse a unos de los otros, pues en el fondo la piel es un límite que hace a la propia identidad. 

La piel está, pues, estrechamente vinculada a la identidad. Por ella uno sabe donde comienza, donde termina, qué es lo similar y que es lo distinto.

Seguramente los premicrobios tenían motivos para divertirse mucho ya que no había ningún freno al intercambio genético, no obstante ese intercambio dado así tenía sus riesgos pues al no poderse distinguirse unos de otros se hacía al azar y podía hacerse con cualquier otra especie de premicrobio. En el fondo no eran mas que simples partes del mar con algún material genético más concentradas que en el resto del mismo.

Algo así estamos los latinoamericanos. En realidad no es que no tengamos piel sino que no le damos importancia a la propia pues se nos ha convencido que nuestra piel es otra. Muchas veces vivimos y hacemos cosas como si tuviésemos una identidad diferente a la nuestra.

Piel propia tenemos desde el mismo momento en que nació el primer mestizo de indio y español. De ese modo tenemos la singularidad de tener raíces comunes que nos hermanan desde México hasta la Tierra del Fuego, además de mantener diferencias locales capaces de enriquecer esa unidad.

Cuando el período español, por esa piel nos supimos una misma entidad frente a los ataques ingleses, holandeses. franceses y portugueses. Y luego gracias a ella la independencia fue cuestión continental. El problema ocurrió luego, cuando los comerciantes de los distintos puertos fueron prefiriendo aislarse y comerciar por separado con la potencia de la época, Inglaterra. De este modo la nación que éramos se fragmenta en veinte repúblicas.

Para sustentar eso y de paso ponerse del lado de las modas intelectuales y científicas de la época se creó en toda nuestra América un discurso según el cual somos inferiores a los europeos o a los anglosajones, que por ello debíamos imitar su organización social, económica y política, y de ser posible debíamos ir desapareciendo para ser reemplazados por personas de razas que valieran la pena. Así a la larga habría un país que valdría la pena, claro está que sin nosotros.

Todos los contenidos simbólicos producidos y usados desde ahí en mas por nuestras elites sociales estaban dirigidos hacia ello, es por ello que como que nos han convencido de que no somos quienes somos, sino que somos otros por lo que estamos acostumbrados a creer nuestra una piel ajena. Por supuesto que esa piel nos separa de lo que necesitamos e identifica como propio a lo que nos pude hacer mal.

De alguna manera la única verdad es la realidad. Piel que no es propia no sirve y crea problemas, y en la búsqueda de soluciones a esos problemas se va encontrando la verdadera piel. Esa búsqueda de salir de los encierros que nos provoca vivir bajo piel ajena es la que ha ocasionado más de un sacudón en nuestro continente.

Y esta piel es una para todos los hispanoamericanos, pues compartimos identidad, origen y destino. Y su reconstitución es tarea esencial para todos nosotros, así como en el fondo explicación central para entender cada uno de los tiempos de nuestra historia.

La búsqueda de nuestra piel

Convencidos de que nuestra piel era la que se nos decía, inicialmente y de norte a sur probamos con ser liberales, demócratas de constitución en mano y elecciones amañadas. Con eso se favoreció a las clases altas y se excluyó a las demás

Luego quisimos que el voto fuera realmente representativo pero ello no alcanzó para quitar a  quienes mandaban de sus nidos y abrevaderos económicos y así seguimos teniendo en nuestras sociedades a muchos excluidos. En Argentina ese voto representativo fue el empeño de Don Hipólito Yrigoyen.

Cuando quisimos incluir a los excluidos se fue viendo que para eso no servía la piel que creíamos tener. Por ello nos pusimos a probar diversas pieles por todo el continente desde México hasta la Argentina.

Fuimos poniendo sobre la mesa distintas formas de encontrar la piel que nos corresponde. En Cuba se probó con criterios marxistas y plegándose al bloque soviético. Allende en Chile miraba con simpatía esta alternativa. Los hispanoamericanos fuimos representados por caudillismos personales como el del ecuatoriano Velasco Ibarra o el del colombiano Eliécer Gaitán o bien tratando de sustentar procesos en los que se combinaba el caudillismo de Haya de la Torre o de Perón con una interpretación de nuestra identidad con el aprismo y el peronismo.

La piel de uno, cuando no se tiene en claro como es, se busca a tientas.

Ninguna de esas primeras experiencias llegó a final feliz pues las oligarquías son fuertes, no perdonan y están aliadas a los imperios poderosos, pero comenzamos a vernos directamente en el espejo y no a través de dibujos de nosotros amañados por otros.

Cada vez que los poderosos de la tierra estuvieron ocupados en sus cuestiones pudimos avanzar un paso en la búsqueda de la piel que corresponde a nuestra identidad.  Cuando la primera guerra mundial los argentinos elegimos a Yrigoyen como presidente, mientras el mundo se recuperaba de la primera guerra mundial aparecería el APRA del peruano Haya de la Torre. Cuando occidente estaba dividido entre liberales  y facistas Brasil eligió a Getulio Vargas, cuando la segunda guerra se desencadena el proceso que llevaría al gobierno de Perón y a la revolución Boliviana de 1952,  y cuando los Estados Unidos estaban enzarzados en Vietnam en el Perú comienza la experiencia de Velazco Alvarado y aquí Perón inicia su tercer gobierno.

El sistema democrático liberal se corresponde con una lógica o razón que no es la de nuestra cultura, está implantado pero sin haber llegado nunca a tener raíz popular. De hecho ha sido usado como herramienta de las oligarquías. Debido a ello es significativa la cantidad de caudillos provenientes de fuera del mismo que han intentado romper el encierro al que este nos lleva. Inicialmente de origen rural, luego en el siglo XX militares.

Las potencias mundiales no quieren en los países débiles un Ejército fuerte salvo si está a su servicio. En ese caso, lo apoyan. Tenemos ejemplos próximos. Pero ahora la doctrina de los países centrales ha cambiado. Han empezado a desconfiar de los militares porque en no pocos casos les han salido respondones o les han dado vuelta el poncho. Así ocurrió en el pasado con Villarroel, Torres y Ovando en Bolivia, Velasco Alvarado en el Perú, Torrijos en Panamá, Perón en Argentina. Y aquí, en nuestro país no solo Perón, sino que los aliados mas próximos que supo tener el imperio les salen con la recuperación de las Malvinas. Y hoy vuelve este fantasma en la Venezuela de  Chávez.

Por esa causa desde los años ochenta el Imperio prohíja la democracia en todas partes. Supone que el sistema democrático es más permeable a la persuasión del dinero, de los sobres bajo la mesa y a la compra de ministros y diputados. De ahí el actual antimilitarismo de la potencia más militarista del mundo.

Y tan ha sido así, que en los años noventa todos los sistemas democráticos terminaron aceptando al neoliberalismo. Pulverizados los partidos, la política sudamericana pasó desde esos años a organizarse sobre ejes temáticos. A falta de grupos que elaboren una agenda, es la agenda la que organiza los grupos.

La vieja piel se resiste a dejar de definir nuestra identidad.

Viviendo con piel ajena: los años noventa

Durante los noventa se instala en casi todos nuestros países un orden consistente en la imposición del neoliberalismo, que en lo esencial eliminaba toda autonomía en la decisión de los modelos económicos.

Ese orden era también un producto de la victoria de las doctrinas de seguridad nacional que habían derrotado a las guerrillas y debilitado el poder de los sindicatos y de otros movimientos organizados de masas y cuya versión democrática, insistía en que la apertura política nunca debía ser total ni podía bajarse la guardia ante el narcotráfico y el terrorismo, en reemplazo del viejo comunismo.

En los primeros años de los noventa Estados Unidos venía de ganar la guerra fría y se proponía reordenar a su patio trasero, nosotros, cuyas clases dirigentes se habían alineado política y económicamente con el llamado nuevo orden. El orden de ellos.

El ALCA (Área de Libre Mercado de las Américas) resumió una idea de asimilación por el mercado de nuestras economías, haciéndolas compatibles con la de los Estados Unidos y otorgando a las inversiones el mismo o mejor trato que el que podían recibir en su propia tierra.

Ese orden, como cualquier otro, era un producto de la historia y de las relaciones de fuerza, y como suele suceder era presentado como una especie de restablecimiento de la razón, del curso natural de las cosas, que nos ordenaba ser democráticos y promercados porque así tenía que ser. La globalización estaba ahí, no se podía resistir a ella.  En caso de no encuadrarse en esta corriente las desestabilizaciones traían feroces castigos: inflaciones, pobreza masiva y violencia. Gobernabilidad y estabilidad se hicieron conceptos casi sinónimos.

Se buscó evitar lo impredecible congelando las leyes, las constituciones, debilitando los congresos, haciendo que los pactos internacionales, los contratos y otros compromisos fuesen tan poderosos como la ley suprema o más que ella. En el fondo: que los cambios de gobierno no amenazaran lo que había costado tanto establecer.

Este nuevo orden necesitaba que los congresos no  fueran contradictorios con los poderes ejecutivos y para conseguirlo trataron de hacerlos menos aptos para equilibrar y controlar al poder central, lo que se terminó viendo como una virtud que aceleraba la modernización.

También involucró a los grandes partidos tradicionales, los únicos que podían pactar, abierta o implícitamente, un sistema de alternancias sin cambio de la política real, en el que todo el abanico político se encargaban de administrar el Estado en continuidad con sus predecesores.

Se creía que mientras hubiese menos opciones por escoger y menor dispersión del voto el sistema sería más estable. La paradoja es que precisamente esta cerrazón creó un desafío político reiterado mediante el cual los partidos quedaron identificados como oligarquías cerradas que dejan fuera al resto y el proveniente de afuera del sistema se idealizó como bueno por sólo el hecho de venir de fuera. (Fujimori en el Perú, Abdala Bucaram en el Ecuador, Palito Ortega, Reuteman entre nosotros)

Viviendo desde nuestra piel: los últimos años

Ha transcurrido una década y media desde el momento del mayor esplendor del neoliberalismo y hoy la situación es bastante diferente. Veamos:

Se quebró la unanimidad y el miedo a pensar diferente.

Estados Unidos perdió hegemonía en todo el subcontinente, y ha optado por alianzas bilaterales con países individuales como Colombia y Perú. El ALCA se desmoronó por la resistencia social existente y por los desacuerdos con países claves como Brasil, Argentina y Venezuela. En reemplazo surgieron los Tratados de Libre Comercio con algunos países.

El modelo económico neoliberal perdió aceptación y algunos países empezaron progresivamente a alejarse de sus principales dogmas

Las resistencias sociales se reactivaron en casi todos los países, pero lo hicieron sobre la base de organizaciones nuevas o de movimientos poco orgánicos por lo que tomó la forma de grandes e inesperadas explosiones, que son la nueva forma de la desestabilización a la que tanto se resiste el sistema.

En América Latina viene apareciendo una nueva forma de movilización de masas, de baja intensidad ideológica, exigiendo cambios económicos e institucionales, oponiéndose a la hegemonía de los viejos partidos políticos y desafiando a las elites dominantes y al padrinazgo de Estados Unidos.

La tendencia principal del cambio en la América Latina consiste en la aparición de corrientes electorales multitudinarias que rompen los diques del control de los partidos tradicionales y se convierten opciones de gobierno, como ha pasado en Bolivia, Paraguay, Uruguay, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Honduras, y casi en el Perú y México con los derrotados por pocos votos Humala y López Obrador.

En algunos casos -Paraguay, Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela- las elecciones se convirtieron en un riesgo para la clase dirigente, pues la legitimidad ha empezado a cambiar y son otras clases y actores políticos los que pasan a invocarla con un contenido propio. Las derrotas sufridas en sucesivas elecciones por las oligarquías en elecciones, reelecciones, referéndums y constituyentes las ha ido deslegitimando y obligándolas a buscar la forma de romper la nueva legalidad inherente a esa nueva legitimidad.

Además y por primera vez en doscientos años es idea generalizada la de buscar un camino común al ámbito latinoamericano. Los avances en el Mercosur, la UNASUR, la Comunidad Andina ya no solo buscan arreglos económicos sino el desarrollo de un espacio integrado en lo político, social, cultural, económico, financiero, ambiental e  infraestructura.

La vieja piel trata de seguir definiendo nuestra identidad.

Continúa la existencia de elites ajenas al anhelo unificador e independentista que hay en América latina y que conservan todo su poder económico y su peso mediático. A ellas se le une la presencia de una importante masa de clase media ajena a su propia realidad gracias al discurso del sistema. Ambos sectores representan obstáculos muy importantes para el logro de la aspiración regional a la integración y apuestan plenamente a la permanencia de la piel que venimos usando desde la fragmentación en veinte repúblicas.

La experiencia hondureña actual tiene que ver con el destino de todos los latinoamericanos, porque debe marcar si la tendencia principal al cambio no es revertida o si se imponen de vuelta las viejas oligarquías salvando su  poder económico, que es lo que realmente les interesa, a costa de la ruptura de la inclusión social mediante la destrucción de las reglas de juego democráticas.

Hasta el momento y salvo quizás en Venezuela el poder económico de las oligarquías no ha sido muy tocado. Normalmente primero aparece la presión política para el cambio social y luego, para realizarlo, se comienza a modificar la relación de fuerzas económicas. A esta segunda etapa es la que se suelen adelantar las oligarquías mediante la ruptura de la legalidad a través de golpes de estado y es la situación a la que se está llegando en varios países.

Instrumento de las oligarquías son los sistemas de medios de opinión. Hoy día las redes tienen alcance internacional y comparten los valores utilizados por ellos. De este modo crean situaciones ficticias de tal suerte que de alguna manera instalan la agenda sobre la cual se discute, crean la impresión de ser cierta la situación que así describen y juzgan los procesos políticos, sociales y económicos existentes según sus valores y a partir de la imagen que de los mismos han presentado.

Las tensiones que hemos visto en la Argentina con el paro rural y la actual demonización que se hace desde los medios de opinión del gobierno nacional y de Néstor Kirchner y Cristina Fernández están profundamente ligadas a este rechazo a la desestabilización representada por los dos últimos gobiernos. No se les perdona su actitud frente al ALCA, al UNASUR, a la deuda externa, a la inclusión de los grupos sociales representados por los piqueteros, a las mejoras en la calidad laboral y la seguridad social, a la reaparición del Estado como agente político en reemplazo a la subordinación de lo político a lo económico instalada en los años noventa.

Finalmente hay que destacar dos hechos significativos que aún no se han mensurado adecuadamente. La implantación de siete bases militares en Colombia por parte de los Estados Unidos en un proceso que recuerda a los inicios de la guerra de Vietnam, y la rehabilitación de la cuarta flota norteamericana, con jurisdicción en el Atlántico sur.

Si a ello le añadimos la consolidación de la presencia de Gran Bretaña en Malvinas tras la guerra del Atlántico Sur, observamos que los países centrales están poniendo su atención en estas tierras nuestras.

Los imperios alientan los separatismos del occidente venezolano, del oriente boliviano, de las regiones mapuches de Chile y también juegan a posibles guerras. Colombia operó militarmente en Ecuador y desde Venezuela se han hecho varias denuncias sobre las intenciones colombianas en la frontera común

De la importancia de las pieles (bis).

En definitiva es cosa de ser valientes y aceptar que somos lo que somos, todo lo demás se irá inventando a medida que sepamos hasta donde llegamos y desde donde comienza el espacio ajeno.

Este tira y afloje entre las pieles que se viene dando desde la independencia no es mas que el  que existe entre quienes quieren ser lo que somos y quienes se empeñan en que no lo seamos para así seguir medrando con los resultados de un juego de espejos que no nos devuelve la imagen de nuestra propia identidad.

Lizardo Sánchez. 

22 de noviembre de 2009

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